S_007_I01

Ponferrada

Iglesia Parroquial en Ponferrada+ Ver proyecto

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitectos colaboradores:
Fernando Gil
Tibor Martín

Arquitecto técnico:
Ricardo Alberca

Fotografías:
Estudio Vicens+Ramos
Pablo Vicens

“Ahora veréis el Templo completado;
al cabo de mucho esforzarse, de muchos obstáculos;
pues la obra de creación nunca es sin fatiga;
La piedra formada, el crucifijo visible.
El altar revestido, la luz que eleva.
Luz
Luz
El recordatorio visible de la Luz Invisible.”

T. S. Eliot. Coros de “La Piedra”

Premisa fundamental del proyecto ha sido el cumplimiento fidelísimo de todos los requerimientos funcionales y simbólicos que exigen las nuevas disposiciones emanadas de la reforma litúrgica. El templo se presenta como protagonista del conjunto. Se ubica en el lugar de máxima visibilidad y mejor acceso, el frente ajardinado al paseo de la Rosaleda.

El espacio principal del templo se concibe básicamente como el lugar de encuentro del pueblo de Dios para la celebración gozosa del Sacrificio. Así, la disposición arquitectónica debe enfatizar la dimensión comunitaria y el carácter festivo del ámbito de encuentro, junto a las referencias simbólicas de una rica tradición.

Para cumplir estos supuestos, la forma central del templo, especialmente adecuada a los supuestos litúrgicos contemporáneos, se combina con la disposición en cruz tradicional, respetando siempre la posición centrada del presbiterio. Esta solución se revela especialmente eficaz en dos aspectos: por un lado, permite que el pueblo rodee el lugar del Sacrificio; por otro, facilita una disposición diferenciada, aunque siempre centrada, del altar, sede y ambón, con perfecta visibilidad desde cualquier punto.

Otro tema importante de estudio ha sido la pretensión de encontrar una disposición arquitectónica que combinara los requerimientos de la capilla del Santísimo, como lugar de reserva eucarística y de adoración particular, con una presencia perfectamente reconocible y protagonista en le templo.

También en este punto la recurrencia a tipos ensayados en la larga y rica tradición arquitectónica cristiana se ha revelado fructífera. La referencia ahora es a los retablos aragoneses del tardo-gótico y renacimiento -como el de la Basílica del Pilar, de Damían Forment, o los de la Seo, catedral de Teruel, catedral de Huesca, San Pablo de Zaragoza, etc- o los retablos-custodia barrocos.

Así, la capilla del Santísimo, que se utiliza también como capilla de diario, se dispone lo suficientemente elevada sobre la cota del presbiterio como para permitir que el Sagrario que alberga sea visible desde todo el templo, presidiendo el conjunto sin interferir en las ceremonias litúrgicas. Bajo esta capilla se dispone la sacristía. El acceso directo se produce desde la calle norte, más elevada que la esquina de la entrada principal del templo.

Siete grandes lucernario esparcen una luz coloreada al interior del templo, cualificando espacialmente ámbitos diferenciados. Los lucernarios son imagen de los siete sacramentos mediante los que la Iglesia ilumina la vida de los fieles y administra la Gracia. A la entrada del templo, sobre le atrio, otro diferente, que combina el campanario con el signo de la Cruz, sirve de llamada y punto de referencia urbano.

Aprovechando la morfología y configuración del terreno, antiguo depósito de carbonilla que exige ser excavado en su totalidad, el centro parroquial y las viviendas sacerdotales se disponen en dos plantas. Una, la de acceso, a la cota de la calle, y la baja al nivel de excavación. Unos jardines a esta cota la convierten en baja a todos los efectos, pues son accesibles desde los locales.

La estructura del centro parroquial es de hormigón armado con forjados cerámicos, mientras que el templo se resuelve con cerchas metálicas. Todo el conjunto se reviste con un aplacado de piezas prefabricadas de hormigón rugoso.

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S_006_I05

Madrid

Iglesia Parroquial en Rivas Vaciamadrid+ Ver proyecto

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitectos colaboradores:
Fernando Gil
Agustín Toledano
Roberto Rodríguez-Paraja
Jesús Gómez
Desirée González
Pablo Gutiérrez
Romina Barbieri
Tibor Martín
Patricia de Elena
Raúl Rodríguez

Fotografía:
Pablo Vicens
Estudio Vicens+Ramos

El proyecto que se ha terminado de construir es la tercera propuesta. Las dos primeras fueron rechazadas, y es una pena. Pensamos que desde el punto de vista de la adecuación a las normas litúrgicas del Vaticano II eran mucho más interesantes. El primer proyecto, muy pensado y trabajado, nos parece quizás la mejor propuesta de templo que hemos hecho nunca. Y eso que el solar era imposible. Un resto de urbanización, estrecho y largo, que no servía para nada y por lo tanto se cedió al obispado.

La forma de la parcela exigía una disposición direccional, como la que finalmente se ha construido. Pero nosotros pensamos que esos esquemas direccionales no se adecuan a los requerimientos litúrgicos de hoy. Hay un artículo que publicamos en Arquitectura Viva que explica esto. Se llama La espada y la llana. Ahí se habló de cómo la participación de los fieles en la liturgia se facilita con esquemas centrados, no direccionales.

Entonces, como siempre, recurrimos a la historia. Porque todo está ya dicho. Solo cabe expresarlo de manera diferente. La perífrasis, el comentario. Y retomamos la idea de Bernini en ese templo fascinante que es Sant’Andrea al Quirinale. La planta es una elipse en la que el eje menor es el principal y el mayor el subordinado. También nosotros forzamos la entrada por el eje menor y colocamos en él la sede, el ambón y el altar. Así concentra toda la densidad jerárquica. A los lados, el pueblo, en el eje mayor, democrático. De esta manera conseguíamos que el altar estuviera en el centro, como está especificado, y todos los asistentes vieran perfectamente y se vieran entre sí. Un espacio físicamente longitudinal se convertía en un espacio centralizado.

Este es uno de los proyectos fracasados que más tristeza nos ha dejado, precisamente por el especial interés que tenemos en los proyectos de templos y en el arte sacro. Pero el hecho es que no supimos convencer. Se nos pidió que fuera claramente direccional y que aprovecháramos al máximo la superficie edificable. Hicimos un segundo proyecto, en hormigón. Pero no había presupuesto. Finalmente se aprobó el que se ha construido, en acero cortén. Para aprovechar al máximo la superficie construida lo desarrollamos en un edificio continuo que unifica las viviendas de los sacerdotes y el centro parroquial con el templo. La cabeza del edificio explota en unos lucernarios que marcan al exterior el presbiterio, y son la pièce de résistence del templo. Forman un retablo de luz muy interesante.

La construcción es muy sencilla. Estructura metálica, revestimiento de cortén y trasdosado de pladur. Hemos tenido muchos problemas con el constructor y la falta de dinero. Pero una vez más la obra la está salvando la dedicación ilusionada de los párrocos, que han sido varios. El actual es un apasionado de la arquitectura y vibra con la obra.

Y hemos podido involucrar en el proyecto a una serie de artistas que están colaborando con una generosidad admirable. José Manuel Ciria ha pintado toda la Capilla del Santísimo; sólo por verla vale la pena acercarse hasta allí. Es un mural que representa la creación del mundo. Una obra maestra, de un expresionismo heroico, como todo lo de Ciria, pero al tiempo sutil, delicado, lleno de matices. Impresionante. También las imágenes de la Virgen y de Santa Mónica, de Javier Viver, son muy especiales. Viver es un artista joven, especializado en video arte. En este caso ha hecho unas obras figurativas; caras, manos y pies; el resto es un magma de paños en torsión, que recuerda las propuestas de Bernini para la beata Ludovica Albertoni, o para el éxtasis de Santa Teresa. El crucifijo, una pieza verdaderamente importante, es de José Luis Sánchez. Nadie discute que es uno de los escultores que más ha hecho por el arte sacro en España desde los años cincuenta. Nos empeñamos en que estuviera presente aquí, como homenaje a un hombre que revolucionó el arte sacro; y ha tenido la generosidad de regalar un Cristo espléndido que preside el presbiterio. El Vía Crucis es obra de José Antonio Ramos: catorce cruces de acero, todas diferentes, tratadas con vendas pintadas. Y el maravilloso Cristo de la sacristía es de Javier Martínez, un escultor también joven y extraordinariamente dotado. Él nos hizo el Cristo resucitado y la Virgen de la parroquia de Villalba. Finalmente, el gran altar principal, el ambón, la sede y la pila bautismal han sido pintadas por Fernando Pagola. Fernando ha hecho murales y pinturas para cantidad de obras nuestras, y con una generosidad que nunca agradeceremos suficientemente, ha regalado a la parroquia su obra. Pensar que artistas de al talla de José Luis Sánchez, José Manuel Ciria, Fernando Pagola, Javier Martínez, José Antonio Ramos, o Javier Pirón –autor del Cristo de la Capilla del Santísimo- han regalado su obra y su trabajo, sin cobrar un euro, es verdaderamente emocionante y, sin duda, la experiencia más gratificante de esta obra.

Realmente la iglesia tiene un presupuesto pequeño y se ha hecho casi sin medios. Pero la magnanimidad del cura y del vicario, que no se paran en barras y siempre quieren lo mejor, y la generosidad de mucha gente, está haciendo posible un milagro.

Esta obra ha sido publicada en varias revistas antes de ser terminada. Aparece en la portada de ARQUITECTURA, la revista oficial del Colegio de Arquitectos de Madrid, en su número 350, con un amplio reportaje en su interior. También se publicó en el nº 311. A+D ARCHITECTURAL DIGEST la publica bajo el título “Milagro en acero cortén”. También la han publicado CHIESA OGGI, ARS SACRA, ARQUITECTURA PLUS, ARQUITECTURA VIVA, etc. Ha sido solicitada por revistas de Arquitectura de varios países, entre ellos China Japón y Rusia. WALLPAPER acaba de publicarla en un número reciente. Y aparece en las memorias de varios congresos y en dos libros: la

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V_015_I01

Pozuelo de Alarcón, Madrid

Vivienda unifamiliar en las Encinas+ Ver proyecto

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitecto colaborador:
Fernando Gil
Desireé González
José Ángel Nieto
Jesús Gómez
Roberto R. Paraja
Agustín Toledano

Gestión de Obra:
Antonio Muñoz

Arquitecto técnico:
Ricardo Alberca

Fotografía:
Estudio Vicens+Ramos
Eugeni Pons

Se sitúa esta construcción de vivienda unifamiliar en la parcela número 26 de la Urbanización Las Encinas, en Pozuelo, Madrid. La parcela, de una superficie de 14.077,83 m2, es de forma trapezoidal, con acceso por la parte sur. Sus linderos tienen las siguientes dimensiones: 160,52 m a norte; 58,36 m a este; 187,33 m a sur; 102,45 m a oeste.

Se ha decidido ubicar la vivienda cerca de la calle de acceso, de manera que se asegure la privacidad de uso de la mayor parte de la parcela.
Concebida como una “geoda”, la masividad que presenta con los grandes costeros de granito del cerramiento se contrapone al vidrio como el “hueco de una roca, tapizado de una sustancia generalmente cristalizada”.

Sin embargo esta “geoda” no es natural, sino que interviene en ella la mano del hombre, que deja su huella con esas fisuras verticales que presentan los costeros de granito…

La vivienda se desarrolla en dos plantas sobre rasante y una en sótano, y se inscribe en un rectángulo de 35 por 20 metros. La esquina suroeste de la planta sótano se estructura en voladizo para formar una entrada al garaje retranqueada respecto a las alineaciones generales de la vivienda. En ese espacio retranqueado se encuentra la entrada de servicio, con la escalera que sube a la planta baja desde la habitación de juego; junto a la entrada se sitúa un pequeño montacargas directamente comunicado con la despensa. El garaje permite el cómodo aparcamiento de diez vehículos, y a él da directamente el espacio dedicado a las instalaciones. Desde el garaje se accede a la vivienda a través de una puerta pivotante. El vestíbulo, con la escalera principal y el ascensor que comunica con las plantas superiores, se ilumina a través de una pared de vidrio que permite la visión de un patio ajardinado y enterrado. A este patio se abre la piscina cubierta, con un espacio para sauna. Desde el vestíbulo se accede así mismo a una sala de proyecciones y a un cuarto de almacén. El acceso principal, por la planta baja, se produce desde el patio de aparcamiento exterior mediante un retranqueo que forma un porche bajo excavado en el volumen construido. El vestíbulo tiene doble altura y a él se abre la escalera y el ascensor, con iluminación cenital. La crujía a sur se dedica a la zona de servicio, e incluye un aseo de invitados, estar de servicio, oficio, cocina, despensa, cuarto de lavado, almacenes de vajilla y cristalerías, desembarco de la escalera de sótano y arranque de la de servicio que accede a la planta superior. El resto de la planta baja lo ocupan el comedor, estar, salón con una parte de doble altura e iluminación cenital, despacho asimismo con dos alturas y otro porche excavado también en el volumen general de la casa.

La planta primera se dedica exclusivamente a dormitorios. La escalera principal permite el acceso a un distribuidor que, por un lado, vuelca sobre el vacío del vestíbulo, y por otro se abre al paisaje a través de tres ventanales en forma de patios, siempre retranqueados del perímetro del prisma general.

El dormitorio principal se sitúa en la esquina noroeste. En la esquina opuesta se sitúan, junto a la escalera de servicio, los dos dormitorios de invitados, cada uno con su vestidor, baño completo y terraza. El resto de la planta lo ocupan cinco dormitorios de hijos, todos con baño propio.

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(4)-1

Las Matas, Madrid

Vivienda unifamiliar en Las Matas+ Ver proyecto

Arquitectos:
Ignacio Vicens y Hualde
José Antonio Ramos Abengózar

Arquitecto colaborador:
Fernando Gil

Arquitecto técnico:
Gerardo Berrocal

Fotografía:
Estudio Vicens+Ramos
Javier Azurmendi
Eugeni Pons

La primera vez que utilizamos el revoco de cemento oxidado con sulfato de hierro fue en la vivienda de Torrelodones. La diseñamos casi al mismo tiempo que la de Las Matas, pero se termina un poco antes y es de alguna manera el banco de pruebas de ese material. Pero como esa casa ha sido muy poco publicada, parece que la de Las Matas es la primera oxidada.

Es una casa enterrada en gran parte, de manera que su enorme volumen queda oculto para el que llega. Ni siquiera desde el jardín puede apreciarse en su totalidad. Esto es algo que nos parecía imprescindible. Hay algo obsceno en la ostentación con la que ciertas mansiones se ofrecen al visitante. Es como una prepotente afirmación de lujo reflejado en dimensiones apabullantes. Es el recuerdo del palacio, antítesis de la casa.

Aquí, la vivienda se presenta gradualmente; se descubre poco a poco, y siempre fragmentariamente. Tiene un proceso de entrada muy complejo; estoy dispuesto a admitir que quizás sea excesivo, hasta demasiado enfático. Pero ese descubrimiento sucesivo, ascendiendo desde la entrada exterior, nos pareció importante y lo seguimos considerando un acierto.

La intimidad de la casa, su privacidad, viene determinada por la imposibilidad de reconocer funciones específicas en el apilamiento de prismas, en la macla de volúmenes. El visitante no puede identificar dormitorios, baños o estancias. Solo un porche abierto al jardín invita a dejar los coches.

He oído comentarios que ligaban esta casa a influencias de Barragán. Es posible, pero en cualquier caso no es una influencia consciente. Desde luego admiramos a Barragán, pero parece claro que nada hay aquí de su simplicidad monástica, de su despojado ascetismo. Es mucho más compleja y barroca. Hasta el óxido deslavado de las paredes debe más a Roma que a Méjico. O al menos es en Roma en lo que pensábamos. En esos paños que evidencian el paso de tiempo, la historia, la vida.

Además, nos parecía especialmente indicado para una casa de estas dimensiones utilizar materiales sencillos, casi industriales; la antítesis de la ostentación. El revoco es un material barato. Los suelos son todos de cemento bruñido y la carpintería de DM, excepto las puertas deslizantes, que son de chapa de acero oxidada, como los lucernarios y algunos volúmenes exteriores.

Las circulaciones son importantes y estructuran las plantas. Quedan enfatizadas por los patios y confluyen en el espacio de relación, el estar a doble altura. Hay referencias claras a la casa Moller, de Adolf Loos, con algunas citas literales. Nos interesa mucho la investigación de Loos en viviendas unifamiliares. He dado un curso de doctorado sobre este tema en el que insisto en la importancia de Loos en el origen y la evolución de la vivienda burguesa. Por cierto, hay un artículo muy inteligente de Adam Bresnick sobre la casa de Las Matas que pone de manifiesto esta influencia; te lo recomiendo; hace un brillante análisis y descubre la cita de la casa Moller en la situación del despacho de la madre.

Es una casa muy compleja en la que sin embargo el protagonismo de las circulaciones intenta introducir orden en la planta. Esta es una de las viviendas que nos ha dejado más satisfechos, entre otras cosas también porque hubo un magnífico acuerdo con el cliente.

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